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Violencia verbal en la pareja

Violencia verbal en la pareja

Ella empezó en un nuevo trabajo, tenía contacto con muchos compañeros nuevos y su pareja no lo soportó. Los celos pudieron más que él y comenzó el acoso. Llamados en horarios laborales, planteos, palabras subidas de tono hasta que se llegó a la violencia verbal. Los insultos, los gritos y las acusaciones se hicieron moneda corriente.

Hay quienes lo minimizan, no deberían. El ataque verbal es una forma de violencia como lo es el maltrato físico. Ambas son graves y atentan contra los derechos de quienes las sufren. Pero hay una diferencia. ¿Cuál? Que la violencia verbal no deja marcas visibles, no hay cicatrices, aunque sí hiere la autoestima y la salud mental.

¿Quién es quién en este juego de roles?

LA VÍCTIMA

La víctima es la persona que sufre las agresiones. En general son mujeres, aunque también hay casos de hombres. Los hechos al comienzo pasan desapercibidos, pero cuando se vuelven regulares pueden generar una auténtica pesadilla.

Hay tres maneras en que puede darse el maltrato: mediante la cosificación, la degradación o la amenaza.

1. Cosificación: cosiste en objetivar al otro, o sea, ponerlo en el lugar de un objeto y tratarlo como si fuese una cosa. Por ejemplo con expresiones como “Ponte ahí” o “Córrete”, entre otras tantas. En estos casos importa no sólo lo que se dice, sino también la entonación, los gestos y el sentido específico de las palabras.

2. Degradación: se basa en desvalorizar al otro con frases humillantes, burlas o expresiones de inferioridad o incompetencia. Por ejemplo: “¡Qué tonta/o eres!”, “¡Con quién me casé!”, “La vecina sí que es linda”, o “¡Déjalo, yo puedo hacerlo mejor”. Son todas estas situaciones de desprecio, algunas más elocuentes que otras, las que van afectando a la otra persona emocionalmente y generándole un profundo dolor. Con el tiempo hasta pueden lograr que la imagen del otro se deteriore por completo.

3. Amenaza: es la forma más usual y vil de ejercer la violencia verbal y consiste en decirle a la pareja que, de no hacer tal o cual cosa, habrá consecuencias severas.

Generalmente el abuso verbal se da en privado, aunque tarde o temprano aparece en el ámbito público cuando se hace costumbre. Ocurre que el abusador tiene una personalidad dentro del hogar y se comporta completamente distinto fuera.

EL AGRESOR

Para conseguir su objetivo, el victimario apela a:

1. Destruir la autoestima de su pareja con las frases antes mencionadas o mediante amenazas.

2. Generar una dependencia económica para lo cual evitará que su pareja consiga un trabajo.

3. Alejar las relaciones en la vida de su pareja, como amigos o familia.

4. Simular ser alguien impecable en público para desacreditar luego a su pareja en caso que esta lo denuncie.

Si la víctima le reprocha su actitud, el abusador tenderá a:

1. Ignorar lo que dice –“¿De qué estás hablando?”–.

2. Minimizar lo sucedido –“No exageres”–.

3. Generar un maltrato aún mayor –“Ahora vas a ver”–.

En la relación, el violento cuanto más somete a su pareja mejor se siente. Se siente vivo gracias a que tiene a otro a quien denigrar señalándole permanentemente sus defectos y sus errores.

CONSECUENCIAS

Con el tiempo quien padece la violencia verbal pierde seguridad y comienza a interiorizar la crítica. Se pregunta si en verdad el otro tiene razón y termina por aprobar a la agresión por considerarla un castigo justo por sus fallas.

Además de cómo afecta la autoestima, también tiene efectos negativos en la salud mental, generando ansiedad, disfunción sexual, estrés postraumático, fobias y depresión. También puede conducir al aislamiento y la pérdida de vida social, familiar y laboral.

LOS HIJOS

A veces la agresión no termina en la pareja y continúa hacia los chicos. Si a un niño se le dice que no sirve para nada, la criatura se va a sentir un objeto inútil, alguien desechable, porque en ese lugar el otro lo posiciona.

Esta cuestión es muy grave porque los hijos creen todo lo que le dicen los padres. Y si una persona crece con una imagen de sí distorsionada, luego puede presentar serios problemas de conducta. Podrá, así, manifestar una terrible agresión y hacer lo que le hicieron a él mismo, o una gran inhibición y ofrecerse a la denigración de los demás.

LA SOCIEDAD

La ejecución es personal, pero el origen es cultural. Se vive en una sociedad violenta y quienes más padecen la violencia son las mujeres. El hombre ha ocupado históricamente un rol ‘superior’ al de la mujer. En el trabajo, en la casa, en la política, donde hubiera un lugar, el hombre tenía prioridad. Su palabra era la última, su autoridad indiscutible. Las mujeres ocupaban un rol secundario, importantísimo, pero a los ojos de un mundo patriarcal, menor.

Con el tiempo esto cambio. La mujer, a fuerza de muchas luchas, logró que sus libertades sean respetadas y hoy, poco a poco, consigue alcanzar la igualdad que se merece. Sin embargo, en muchos lugares el hombre sigue viéndola como un ser inferior.

Pero nadie es menos o más que otro y, si has sido víctima de agresiones, no dudes en denunciarlas. No importa que sea tu pareja. Si te merece, no ha de lastimarte. Y si lo hace, no te merece.

FUENTE: Discovery home and health

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