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Sin mucho éxito Panamá trata de quitarse mala imagen

Sin mucho éxito Panamá trata de quitarse mala imagen

En agosto del año pasado, Panamá buscaba limpiar la imagen de ser un imán para los negocios turbios y para los narcotraficantes. 

Ahora, algunos panameños destacados no están tan seguros. Ocho meses después de acordar que organizaría dicha conferencia, Panamá pasó una profunda vergüenza cuando registros confidenciales filtrados revelaron que un solo despacho de abogados panameño había creado miles de empresas con ventajas fiscales, lo que permitía a la élite adinerada esconder sus ingresos, algunos provenientes de actividades ilícitas. Estos registros se conocieron como los Panama Papers, un término que incomoda tanto a las autoridades panameñas que algunos no pueden ni pronunciarlo en público.

Después de la filtración, que incluyó millones de documentos legales, el presidente, Juan Carlos Varela, conformó una comisión de siete miembros para que hicieran recomendaciones para aumentar la transparencia del sector financiero. Esto tampoco funcionó exactamente como lo planearon.

En busca de credibilidad, el presidente incluyó en el comité a Joseph E. Stiglitz, el economista, premio nobel y feroz crítico de paraísos fiscales —dentro o fuera del país—, a los cuales considera el lado oscuro de la globalización. Lo que ocurrió después no sorprendió a ninguno de aquellos conocedores de los políticos panameños o del carácter de Stiglitz.

La comisión, si no estuvo muerta desde el inicio, se quedó rápidamente sin su sustento vital cuando Stiglitz y otro miembro de la junta, Mark Pieth, experto sueco en anticorrupción, renunciaron después de solo una reunión oficial, porque, según explicaron, el gobierno no prometía hacer público su informe final.

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