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Editorial… Éramos tan felices y llegó un reportero

Editorial… Éramos tan felices y llegó un reportero

Editorial… Éramos felices y llegó un reportero

Díganme loco pero el último día del año lo dedico a ver siempre películas sobre reporteros. Es un ritual misterioso y arbitrario, a veces masoquista cuando la película es un churro. Este 31 de diciembre pasado la elegida fue Reportaje (1953). Ya sé que es de las peorcitas del “Indio” Fernández. Pero tiene su encanto. Más por el contexto (que casi nadie conoce), que por su argumento (que casi todos recuerdan).

Resulta que los reporteros de la ciudad de México querían comprarse un edificio. No tanto para recibir clases de redacción sino para jugar dominó, echarse sus tequilas y parrandear un rato fuera del seno hogareño (o sea, lejos de la fiera y los vástagos de uno). Con tan noble fin, la Sociedad Mexicana de Actores pidió a sus más célebres agremiados que rodarán una película sin cobrar un quinto.

Y como hasta las divas del cine mexicano buscaban quedar bien con los periodistas, ninguna dijo que no, comenzando por María Félix. El único que se rebeló y cobró caros sus honorarios fue el director, el “Indio” Fernández, a quien el gremio de reporteros le venía valiendo “pura madre”. (editorial)

La película en sí es muy mala. Se supone que cierta Noche Buena el editor de un periódico ofrece a sus reporteros diez mil pesos si le traen una noticia exclusiva de esas de ocho columnas. Ahora los reporteros batallan hasta para que les paguen el Uber en horarios de trabajo. Pero aún entonces, la trama era más falsa que las orejas voladoras de Dumbo. El “Indio” sabía tanto de periodismo como María Félix de fe, esperanza y caridad. O Walt Disney de amor a los judíos.

Como negocio, Reportaje fue un rotundo fracaso. Incluso los periodistas se indignaron. Cada pedazo de la trama marchaba más o menos bien hasta que aparecía a cuadro un reportero, como quien dice, a regar el tepache.

La única escena memorable es cuando aparece la pareja de moda: Jorge Negrete y María Félix. El charro canta con todo y mariachi en un cuarto de hotel y en el de al lado la Diva se quiere dormir para mantener incólume su belleza. Negrete se burla de ella porque sale a reclamarle con la cara embadurnada con una espesa pasta blanca. Cuando María reaparece disfrazada de ella misma, el charro cae rendido a sus pies.

Yo no sé qué hubiera echo si tocara a mi puerta María Félix. Pero con todo y mascarilla la hubiera jalado para adentro. Lo de menos, teniéndola a solas en mi cuarto, sería pensar entrevistarla, o preguntarle por sus maridos, amantes, queridos, premios y largometrajes. En tales casos, el profesionalismo es algo menos que una trusa que patea uno debajo de la cama. (editorial)

Pero como a mi puerta nunca ha tocado una diva del cine mexicano, ni siquiera la versión moderna de Sara García, o ya de perdido Prudencia Griffel, mejor me pongo a ver películas en DVD sobre reporteros.

Por cierto, aunque Reportaje fue un fracaso de crítica y taquilla, ganó lo suficiente para que los periodistas de la Ciudad de México se compraran un edificio en la calle Bruselas. Dos años después lo vendieron al doble, y siguieron agarrando la parranda en cantinas, tugurios y burdeles. El gremio actual ya no recurre a aquellos hábitos malsanos y ahora se dedica a redactar sus notas con la satisfacción que rinde el trabajo esmerado, fecundo y creador.

Editorial

gasolinazo

@eloygarza

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