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“La inteligencia nos acerca a la felicidad razonable”

“La inteligencia nos acerca a la felicidad razonable”

Lleva cuarenta años iluminando los pasadizos ocultos de la psique, ayudando a sus pacientes a salir de sus laberintos y compartiendo su conocimiento con el gran público en libros de los que ha vendido más de tres millones de copias en todo el mundo. La última preocupación del catedrático en psiquiatría y psicología Enrique Rojas (Granada, 1949) es que la gente aprenda a pensar mejor para tener una vida más plena. Da algunas claves en ‘5 consejos para potenciar la inteligencia’ (Temas de Hoy). -¿Cómo ha cambiado el concepto de inteligencia?

-Afirmar que una persona es inteligente no dice mucho, porque hoy sabemos que no hay una, sino muchas inteligencias. Pero las que han cobrado más relevancia en los últimos años son la inteligencia emocional y la instrumental. Esta última es clave, porque nos ayuda a desarrollar la inteligencia básica con la que nacemos. -En su último libro usted identifica cinco herramientas para ejercitarla: orden, constancia, voluntad, motivación y observación. ¿Ser ordenados nos ayuda a ser inteligentes? -El orden es el mejor amigo de la inteligencia y hay que aplicarlo a todos los ámbitos de la vida: a la vestimenta, al hogar, al horario… Esto implica tener clara una jerarquía de valores y aprender a tirar, desde objetos que ya no nos sirven a preocupaciones innecesarias. El orden produce paz, equilibrio y alegría. -¿Cómo influye la constancia en el desarrollo de la inteligencia? -Miró decía que la clave de su éxito era un poco de talento, orden y constancia. Ser constantes es saber esperar y continuar. Por eso recomiendo la lectura, que tiene mucho que ver con la constancia. Una persona que no lee, ni se cultiva ni aprende a ser constante, y no desarrolla su inteligencia. -¿Y la voluntad? -Es la joya de la corona de la conducta, quien la tiene posee un tesoro, porque una persona con voluntad llegará más lejos en la vida que otra inteligente. La voluntad es la capacidad para aplazar la recompensa, pero esto es algo que no heredamos, sino que aprendemos, y que podemos ejercitar. -¿Cómo? -Vivimos inmersos en la cultura del fast food, queremos resultados inmediatos, pero la voluntad exige serenidad, lentitud y aplicarnos a cosas concretas. Para ejercitarla, hemos de aprender a distinguir entre metas y objetivos. Las metas son generales y borrosas; los objetivos, concretos y medibles. -¿Cómo se relacionan estas herramientas con la felicidad? -De manera directa porque la inteligencia nos acerca a la felicidad razonable, la única a la que podemos aspirar. Consiste en estar contento con uno mismo al comprobar que el proyecto personal de vida va bien. -¿Qué les duele hoy a sus pacientes? -Lo que más se trata en las consultas de psiquiatría es la depresión, la ansiedad, los trastornos de personalidad y, desde hace poco, las crisis conyugales. Cada vez más parejas van al psicólogo a arreglar sus relaciones. -¿Cómo ha cambiado su oficio desde que atendió a su primer paciente? -El psiquiatra se ha convertido en un consejero. A mí me consultan desde cómo hacer una herencia a cómo educar a los hijos. También hay necesidad de desahogo. – ¿Y se les atiende bien? -Hay exceso de pastilloterapia. La mejor terapia es la que integra los fármacos con la psicoterapia y el cuidado de vida laboral, social y familiar. Yo recomiendo la biblioterapia. La lectura tiene poderes curativos. – ¿Usted se aplica sus recetas? -Suelo ser ordenado y conozco mejor mis limitaciones que mis potencialidades, pero reconozco en mí una tendencia natural al optimismo. Creo que en toda situación hay un ángulo bueno. El reto es descubrirlo.

FUENTE: El Periódico

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