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Editorial “La vejez y otras carnicerías” por Eloy Garza González

Editorial “La vejez y otras carnicerías” por Eloy Garza González

Eloy Garza con su editorial de este viernes

La vejez y otras carnicerías

El diablo no sabe más por viejo, sabe más por diablo. Y porque sabe más por diablo, ha llegado a viejo. Yo me asumo un hombre maduro y si no, me lo aclara el registro civil.

Pero la madurez no es sabiduría. Si así fuera, bastaría sentarse a esperar que pase el tiempo para anegáramos de experiencia y conocimiento. Quédese una persona en casa, y no aprenderá más cosas que a encender o apagar el foco de su cuarto. Y matar cucarachas a zapatazos.

Que nadie se asuste con su vejez. Todo el mundo quiere llegar a viejo. Es larga la lista de espera. Muchos son los llamados y pocos los elegidos. Incluso mis amigos que se emborrachan como si quisieran morirse. Generalmente, si no se llega a viejo, por uno no queda. (editorial)

Lo que asusta un poco es el proceso de envejecimiento: menos carne en las encías, manchas en la piel, uñas quebradizas, bolsas en los ojos, patas de gallo, temblorinas y mala digestión. Son heridas de la guerra del tiempo. La mayoría de ellas bochornosas. Quién sabe en qué estaría pensando Dios al decretar tanta masacre.

Si mi amigo Jaime Rodríguez, que es un brillante cirujano plástico de San Pedro, quisiera quitarme las arrugas de la cara, sería capaz de dejarle de hablar para siempre, porque son absolutamente mías y de nadie más. (editorial)

Un rostro no se define más que por sus arrugas. Porque las arrugas se forjan por la fisonomía, por la manera de reírse, por la forma de fruncir el ceño, por la costumbre de forzar los ojos para mirar mejor. Somos nuestras arrugas. Y lo que pensamos de ellas.

¿Me van a arrebatar todo lo que significa eso? ¿El resultado de tantos años me lo van a quitar, como si yo no los hubiese vivido? Mi trabajo me ha costado. Mis amores perdidos como actas de defunción acumuladas. Mis enemigos que me odian porque todavía tengo el mal hábito de respirar. Y mis amigos, que sin hipocresía, les gustaría verme morir primero. No digan que no: desde el fondo de mi corazón, les deseo lo mismo.

@eloygarza

Editorial

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