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La política mexicana anda a caballo… fino

La política mexicana anda a caballo… fino

En 2015, diversas fotografías evidenciaron un punto débil del ex gobernador sonorense Guillermo Padrés: su gusto por los equinos. El PRI estatal lo llamó El Señor de los Caballos, cuando denunció públicamente el número de ejemplares que tenía el entonces mandatario, quien hoy se encuentra preso en el Reclusorio Oriente, acusado de lavado de dinero.

La misma debilidad tiene el ex gobernador veracruzano Javier Duarte (quien a la fecha sigue prófugo). En 2016, las fotografías del rancho Las Mesas, en Valle de Bravo, Estado de México, probaron su gusto por estos animales, aunque se desconoce cuántos y de qué raza fueron hallados en sus caballerizas.

La lista sigue: César Duarte, ex gobernador de Chihuahua; Manuel Velasco, gobernador de Chiapas; Fidel Herrera, antecesor de Duarte en Veracruz; el senador Pablo Escudero; el alcalde de San Blas, Nayarit, Hilario Ramírez; la diputada guerrerense Coral Mendoza; el legislador oaxaqueño Hugo Jarquín, y el ex alcalde veracruzano Renato Tronco, por enumerar algunos. Todos se exhiben con sus caballos en diarios locales, redes sociales, exposiciones y eventos públicos.

Hay incluso quienes pertenecen a la Asociación Nacional de Criadores de Caballos Pura Raza Española (ANCCPRE) en México. Por ejemplo, este sitio web refiere que entre sus fundadores está la ganadería Criadero de Caballos Caliente, propiedad del priísta Jorge Hank Rhon, ex presidente municipal de Tijuana y actual dueño del grupo Caliente, conformado por casinos e hipódromo.

Miguel Alemán Velasco —hijo del ex presidente Alemán—, destaca con Rancho El Girasol, una ganadería localizada en San Miguel de Allende, Guanajuato. La página de internet de este rancho enlista servicios como la cría y selección de caballos, inseminación, monta y venta de semen congelado. Cada animal “cuenta con pasaporte español y registro nacional”, y anualmente pone en venta un promedio de 100, “cuyo precio puede ir desde los 8 mil dólares”.

En Campeche se localiza Yeguada Villa Gely, de Carlos Mouriño Terrazo, hermano del fallecido secretario de Gobernación Juan Camilo.

ANCCPRE, en la categoría Socios de Número, enlista otros ranchos como los sonorenses El Aquiles y El Pozo Nuevo de Padrés. O Yeguada San Carlos, ubicada en Colima y cuyo propietario es el delegado de la Sagarpa en el estado, Carlos Salazar Preciado.

La Finca Hermanos Padilla Vizcarra, que se localiza en Tabasco, es también socio y pertenece a Francisco Javier Padilla Higareda, representante legal de una sociedad corporativa que trabaja para la Sección 44 del Sindicato de Trabajadores de Petróleos Mexicanos (Pemex).

También hay información sobre el gusto de los políticos por los caballos en las declaraciones 3de3 de los gobernadores. Hasta el momento sólo 25 la han presentado y de éstos uno llama la atención:

El gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, quien fue el único que aceptó tener —en su relación de semovientes— 60 yeguas con un valor de 900 mil pesos. Aunque el mandatario no reporta tener ningún rancho.

El resto de los gobernadores evitó tocar estos temas.

Gasto por gusto

¿Cómo fue que los caballos se convirtieron en parte del patrimonio económico de la clase política? Criadores y personajes inmersos en el mundo de la charrería, conocedores del tema, explican que las razones son varias: por negocio, herencia, estatus, mostrar poderío, amor a la charrería, pago de favores e incluso por simple presunción.

Las principales razas de caballos son purasangre, cuarto de milla, españoles, árabes u holandeses.

Tomás Fernández Iturriza está inmerso en el medio hípico desde 1970 y preside la Asociación Nacional de Criadores de Caballos Cuarto de Milla (ANCCCM), cuya sede se localiza en Chihuahua. Aprendió a montar desde los tres años y desde hace cuatro décadas es ganadero; así que cuando conoce a un político con sus animales, le basta echar un vistazo o utilizar su intuición para comprender el vínculo que hay entre ellos.

“Conozco muchos políticos que tienen cuadras completas de caballos; hay incluso quienes los tienen, no para su uso personal, sino para enseñarlos a sus invitados en fiestas y eventos. A otros les gustan las cabalgatas y llevan un mundo de gente detrás de ellos, como por ejemplo la Cabalgata Villista, a la que acuden desde alcaldes hasta gobernadores”.

La raza Cuarto de Milla es considerada como una de las mejores para las carreras, actividades ecuestres, charrería y rodeo.

El promedio de vida de estos ejemplares es de 25 años. La manutención mensual implica una inversión promedio de poco menos de 10 mil pesos por animal, entre la compra de suplementos alimenticios, multivitamínicos, alfalfa y avena; herraje, veterinario, un entrenador (de preferencia un jockey experimentado que cobra por hora), un cuidador y la renta de la cuadra (el espacio físico donde el animal descansará).

“En mi experiencia, a los políticos y hasta a los empresarios les gustan los caballos por cuestión de estatus. En alguna exposición me tocó ver a un gobernador que llevó a sus animales sólo para exhibirlos. Sé también de otros que los conocen bien porque montaban desde chamacos; sus padres venían de alguna zona rural y bueno, lo traen en la sangre, así que llegaron a la política sabiendo montar”, dice.

Tomás Fernández también ha atestiguado casos extremos de quienes muestran su lado charro en fiestas privadas y exhibiciones.

“Hay políticos que saben hablar de caballos y otros que no saben ni por dónde deben montarlos, aunque crecieron con la intención de querer tener al mejor animal”.

Aunque la ANCCCM se conformó en 2009, cuenta con un promedio de 170 miembros, de los cuales sólo 20 son criadores asentados en estados del norte.

Aunque el Cuarto de Milla se reproduce en la mayor parte del país, sus puntos fuertes son Coahuila, Tamaulipas, Veracruz, Jalisco y naturalmente Chihuahua.

El costo de un caballo cuarto de milla alcanza los 50 mil pesos; el español, 100 mil pesos; los árabes y purasangre, 150 mil pesos, y un holandés, 180 mil pesos.

El costo por la venta de semen es de alrededor de 5 mil pesos, pero puede variar según características como la raza o porque no sean resultado de cruzas con caballos comunes; además, pueden subir o bajar según la edad del caballo (viejo y bebé son más baratos, un adulto en edad de procrear es más caro).

Otros factores que pueden elevar considerablemente el precio son: si el animal es semental o yegua sin problemas para procrear; hijo o descendiente de caballos premiados o ganadores de carreras o concursos; y si cuenta o no con registro nacional o en el extranjero.

Cuando los caballos son adquiridos en EU o Europa, se cotizan en dólares y euros.

También los toros

No sólo los equinos conquistaron el gusto de los políticos. Los toros de lidia también han logrado embelesarlos. Tanto han atraído a los políticos, que en las últimas dos décadas creció el número de ganaderos en ese sector.

Manuel Sescosse, quien encabeza la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, dice que al igual que en el medio equino, él coincide en que este tipo de ganaderos deben surgir del medio rural.

“Se necesita convicción, no es una actividad por hobby. No cualquier político puede ser ganadero de toros”, explica.

La asociación cuenta con 267 socios, de los cuales algunos son políticos en activo mientras que otros son retirados. “Tenemos de todo tipo, desde gobernadores hasta diputados”.

FUENTE: El Universal

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