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Sociópatas en el poder

Sociópatas en el poder

“Son encantadores, simpáticos, y con discurso muy convincente. Mienten con facilidad para conseguir algo de su interés. Tienen una elevada autoestima. No sienten remordimiento o culpa por sus actos. Los medios ni los daños secundarios importan, lo único que importa es conseguir su propósito”

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Así define el lector Alejandro de la Garza Flores a los sociópatas, categoría en la que coloca a los dirigentes políticos, que, afirma, nos faltan constantemente al respeto a los ciudadanos.
No había leído, nunca, que se catalogara a los dirigentes políticos como sociópatas, a quienes antes de postularlos para un cargo de elección se les debería practicar un examen sicométrico para determinar si tienen el perfil para el desempeño de cualquier tarea en el gobierno o en las cámaras.
Si a cualquier aspirante a un puesto en una empresa se le somete a un examen de ese tipo, ¿por qué deben ser excepción quienes aspiran a ocupar un cargo en el servicio público, sobre todo en los más altos niveles en la toma de decisiones?
“Lograríamos reducir el robo y saqueo económico de nuestro país, ya que no llegarían tantas personas con esta enfermedad al poder”, advierte De la Garza Flores.
No se puede permitir que sigan ingresando al servicio público y ocupando importantes cargos de responsabilidad en el gobierno personas con un trastorno de personalidad antisocial, con tendencia a pasar por encima de reglas y a pisotear los derechos de los ciudadanos.
Vamos, un gran número de gobernantes, funcionarios públicos y políticos son no solo sociópatas, sino sicópatas. Tienen no solo una doble, sino múltiples personalidades.
Cuando llegan tienen un comportamiento aparentemente normal, pero a medida que van compenetrándose del poder empiezan a mostrar un rompimiento en su personalidad.
En el sitio Psicología y mente me encontré un artículo que muestra cómo se puede identificar a un sicópata. Las características que describe se aplican como traje a la medida a la mayoría de los miembros de nuestra clase política.
Son mitómanos; actúan con arrogancia e irresponsabilidad; al menor cuestionamiento se desentienden de lazos afectivos; son manipuladores y carentes de empatía; y no sienten miedo, culpa o vergüenza.
“Los psicópatas”, esttablece el artículo en cuestión, “tienen una increíble capacidad casi innata para la persuasión y para la seducción, herramientas que con frecuencia emplean para manipular a otros y lograr sus perversos fines.

“No escatiman en tratar a otros como objetos y que pueden usar este carisma para obtener lo que quieren”, añade el artículo, “inclusive si ello lleva perjuicio o daño a otras personas”.
Si en lugar de los sicópatas, ponemos en la definición a los miembros de nuestra clase política, veremos con claridad por qué nuestro País está como está.
En Sinaloa hemos padecido a un sinnúmero de gobernantes, miembros de gabinete y legisladores que encuadran en ese perfil. Persuasivos y seductores, llevan a la gente a donde quieren. La usan y le hacen creer que se sacrifican por ella. Aprovechan el cargo y su cuestionable “carisma” para obtener lo que quieren, a costa de lo que sea.
No vayamos muy atrás, Juan S. Millán y Mario López Valdez encarnaron a la perfección ese estilo de gobernar. Cubiertos con una capa de humildad y bonhomía, y con su habilidad para el deporte, uno, y para la “bailada” el otro, se echaron a la gente a la bolsa y acabaron haciendo lo que quisieron, a sabiendas de que quienes les sucederían en el cargo no se arriesgarían a proceder contra ellos.
El actual Gobernador, Quirino Ordaz Coppel, ha manifestado a regañadientes que se investigará a López Valdez y se actuará en su contra si se encuentran elementos para ello. Sin embargo no se advierte en él una real intención de hacerlo.
Ha mostrado más interés en que se actúe contra los responsables del colapso del tiburonario que contra los responsables del desastre económico y financiero del Estado.
Seguramente le pasó de noche la clase en la que les hablaron en el aula del Principio de Pareto, que establece, entre otras cosas, que en cualquier ámbito de la vida hay siempre un grupo o segmento minoritario que tiene mucho mayor peso que el otro, y cuyos actos o acciones tienen igualmente el mayor número de consecuencias (positivas o negativas) que los actos o acciones del grupo mayoritario.
Si Ordaz Coppel se aplica al mencionado principio, entenderá que debe buscar resolver lo que es el mayor motivo de escándalo y de frustración para la sociedad, que es sin duda la impunidad.
Más que centrar su atención en que no quede impune el colapso del tiburonario, o en que se apruebe su propuesta de reducir el número de diputados, o en si se remodela o no el estadio de beisbol de Mazatlán, debe demostrar que está interesado en que se obligue al ex Gobernador López Valdez y a sus colaboradores a reintegrarle al Estado esos miles de millones de pesos que no aparecen por ningún lado… Si realmente está interesado en poner fin a la impunidad.
FUENTE: noroeste.com

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