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EDITORIAL: Algo que vale la pena contar (por Alberto Boardman)

EDITORIAL: Algo que vale la pena contar (por Alberto Boardman)

Hace muchos años, cuando comencé a escribir esta columna, la segunda
casa editora que abrió sus puertas a estas aportaciones fue el “Heraldo de
Saltillo”. Tuve entonces la fortuna de conocer de manera personal a Don
Francisco de la Peña Dávila, decano del periodismo coahuilense y fundador
del”Heraldo”; hace más de 50 años. Apenas hace algunos meses antes de
su partida, tuve oportunidad de desayunar con él y algunos amigos más. La
charla encaminó sus pasos hacia la anécdota histórica, y el resto de los
comenzales acérrimos defensores de la figura de Carranza, me tenían
acorralado. Yo, seguramente a estas alturas de la revolución,”único”
Obregonista de cepa, tampoco daba mi brazo a torcer. Fue entonces, que
Don Paco percatándose de mi aprieto, salió en mi auxilio. Desvió sin que se
notara tanto el rumbo de la charla y preguntó a la mesa si alguien se
acordaba de un libro titulado “El centinela fiel del Constitucionalismo” de
Pablo González. Ante el cuestionamiento la mesa se relajó, y aprovechando
la balsa de salvación que me brindaba inmediatamente dispuse de mi móvil y
encontré un ejemplar del libro a la venta a través de la red. Al final mi gran
amigo Paco de la Peña de León, terminó por adquirir el codiciado volumen y
en su cumpleaños se lo obsequió a su padre. Pero entre muchas otras
virtudes así era Don Paco, atento al momento en el que los amigos
precisaban una mano y la suya siempre estaba.
Don Carlos Gaytán cuenta en su excelente libro “Croniquillas de
Saltillo”, que en sus inicios el periódico “El Heraldo” era sumamente
“modesto”; y en una ocasión el señor Gabriel Alarcón, por aquel entonces
dueño del “El Heraldo de México”, llamó por teléfono desde la capital del país
a Don Paco de la Peña para pedirle le prestara la avioneta del”Heraldo de
Saltillo”; y pudieran viajar algunos de sus reporteros hasta Barroterán a efecto
de realizar un reportaje. Don Paco le siguió la corriente y le dijo que
lamentablemente el avión no estaba disponible ya que se lo había llevado su
esposa a los Estados Unidos, concretamente a Nueva York, para hacer unas
compras, y que debido a ello no se lo podía prestar. Don Gabriel se creyó el
cuento dicho con tal seriedad por Don Paco de la Peña, que era buenísimo
para las bromas.
Sus amigos nos quedamos con la huella exitosa, ejemplo de tesón, esfuerzo,
y con esa amistad y sabiduría legadas por Don Paco, descanse en paz.
Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.

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