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Alguna vez las mujeres tuvieron que usar el Jiu-Jitsu para poder votar

 

El movimiento sufragista sigue siendo uno de los aspectos de nuestra historia más reciente que menos se conocen. Incluso a pesar de que en los últimos años películas como Suffragette(2015) hayan conseguido llevarlas hasta el cine.

Durante la primera década y media del siglo XX, el movimiento de las mujeres que reclamaban su derecho al voto se hizo especialmente fuerte en Reino Unido. Todo comenzó, como en otros países de la época, con manifestaciones y actos pacíficos, hasta que decidieron pasar a la acción. Parte de este cambio de rumbo fue provocado por la dureza policial. El 18 de noviembre de 1910, día conocido como “Viernes Negro”, unas 300 sufragistas que protestaban frente al Parlamento Británico fueron duramente apaleadas por la policía, dejando al menos dos muertas y más de un centenar de mujeres encarceladas.

El clima con que se recibían sus reclamaciones tanto en prensa como por parte de la opinión pública era hasta cierto punto de burla, y es entonces cuando lideradas por Emmeline Pankhurst-la figura más conocida de todas ellas- las sufragistas tomaron la decisión de comenzar a usar la fuerza: rompían los escaparates de los comercios que no las apoyaban, provocaban incendios, e incluso intentaron llevar a cabo algunos atentados con bombas.

“Sé que las mujeres, una vez convencidas de que están haciendo lo correcto, que su rebelión es justa, continuarán, sin importar las dificultades, sin importar los peligros, mientras haya una mujer viva para sostener la bandera de nuestra rebelión Prefiero ser una rebelde que una esclava”, Emmeline Pankhurst, 1913.

Sin embargo, esta decisión implementó también el nivel de violencia que usaba la policía contra ellas, cada vez más activas, y que incluso llegaban a jugarse la vida con el fin de hacer ver su causa. Tal fue el caso de Emily Wilding Davison, una sufragista que con la intención de mostrar una pancarta en presencia del rey Jorge V, fue arrollada por un caballo del monarca durante una carrera, falleciendo días después.

Y ahí apareció el Jiu-Jitsu y las técnicas de Sherlock Holmes:

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Pero, ¿cómo defenderse de policías armados más pesados que ellas? Ahí aparece la figura de una mujer de apenas 1,55 metros de altura que cambió para siempre los métodos con los que las sufragistas se defendían.

Su nombre era Edith Garrud, nacida en la ciudad de Bath en 1872. Garrud, tras pasar parte de su vida en Gales, conoció junto con su marido a un ingeniero británico que acababa de volver de Japón llamado Edward William Barton-Wright.

Barton-Wright había quedado fascinado por las artes marciales de los japoneses, y especialmente por el Jiu-jitsu, método de combate que él adaptó para crear una versión más “inglesa”y que comenzó a difundir como método de autodefensa. Esta nueva técnica, de la que se pueden encontrar filmaciones de la época algo cómicas porque en ellas se incluía como arma el bastón que muchos hombres llevaban en la época como parte de su atuendo, fue bautizada como Bartitsu. Y sí, quizá te suene porque es el mismo arte marcial que Arthur Conan Doyle inmortalizó en el personaje de Sherlock Holmes.

Edith Garrud y su marido, según se cuenta en el libro Femininity, Crime and Self-Defence in Victorian Literature and Society_,_ fueron formados en el nuevo arte del Baritsu, y más tarde en el propio Jiu-Jitsu, hasta el punto de abrir un gimnasio en Londres donde este arte marcial iba ganando cada vez mayor popularidad.

Un día, Garrud, cuyas clases fueron inmortalizadas en una cinta de Pathé y en varios artículos de prensa de la época, fue invitada a hacer una demostración durante una reunión de la Liga de Sufragio Femenino, la organización liderada por Pankhurst, que quedó prendada de sus habilidades, proponiéndole formar a las mujeres para defenderse de la policía.

Garrud, quien en un principio no estaba ligada a las ideas sufragistas, aceptó la propuesta, formando un grupo de cerca de 30 mujeres que pasaron a formar parte de la guardia personal de Pankhurst, sobre la que pesaban varias órdenes de arresto. Este grupo de nuevas Amazonas con habilidades en las artes marciales fue especializándose, diseñando pequeñas mazas que podían guardar debajo de sus abultadas vestimentas y teniendo repercusión en la prensa de la época, haciéndose llamar las Suffrajitsu. Casi como un equipo de mujeres de élite (o sin el casi) más propio de la ciencia-ficción, pero que sin embargo películas como la citada Suffragette no quiso usar demasiado.

En la cinta, la historia de Garrud queda diluida bajo el personaje interpretado por Helena Bonham Carter, quien en un principio se iba a llamar Caroline, pero acabó llamándose Edith Ellny como un pequeño homenaje que la actriz quería dar a la historia de la formadora de todas estas mujeres. “Cuando me ofrecieron el papel comencé a investigar y di con Garrud. Pensé que una personalidad así debía tener un peso en lo que estábamos contando”, contaba la actriz en una entrevista con Interview.

El personaje de Boham Carter, a pesar de ser la cabeza pensante del bando armado de las sufragistas, apenas hace justicia a Garrud, que en cualquier caso no se entrometió de lleno en la causa. Solo formaba a las mujeres que se lo pedían y usaba su gimnasio como refugio en algunos casos cuando eran perseguidas, pero no se exponía a primer nivel para que su negocio y el de su marido no perdieran clientes.

Las Suffrajitsu tuvieron su culmen cuando en 1914, en la conocida batalla de Glasgow, un grupo de policías trató de arrestar a Pankhurst. Las crónicas de la época cuentan que la resistencia fue tal que muchos policías salieron heridos, aunque consiguieron finalmente arrestar a la líder feminista.

La historia cambió para todos poco después, cuando la propia Pankhurst, con el inicio de la I Guerra Mundial, decidió que dada la amenaza del conflicto era preferible bajar el tono de sus protestas para no crear disputas internas en el país. En 1918, ya acabada la Guerra, el Parlamento Británico reconoció el voto femenino a las mujeres mayores de 30 años con restricciones por nivel de formación. Diez años después, en 1928, el voto acabó siendo universal para todas las personas independientemente de su sexo y estatus.

Garrud, por su parte, salió del foco en esos años. Vendió su gimnasio en 1925 y vivió hasta casi rozar los 100 años hasta 1971. Desde 2012, una placa la recuerda en la casa en la que vivió durante la mayor parte de su vida en Londres

 

FUENTE: hipertextual.com

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