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Para reducir el ISR es necesario quitar deducciones: SHCP

Ante la reforma fiscal de Estados Unidos, tendremos que hacer algo, pero somos conscientes de las limitaciones: no pondremos en riesgo la disciplina presupuestal, ni tenemos margen para incrementar la deuda pública, dice José Antonio González Anaya, secretario de Hacienda. “Estados Unidos se puede dar el lujo de bajar impuestos y producir un déficit enorme, sin que los mercados lo castiguen; nosotros no, debemos tener mucho cuidado, porque si bajamos los impuestos y no encontramos la forma de generar los recursos que compensen (…) tendremos un deterioro en la calificación de nuestra deuda, podría salirnos más caro el caldo que las albóndigas”.

No hay una fecha para anunciar las medidas, pero está claro que el encargado de elaborar la propuesta es el subsecretario de Ingresos, Miguel Messmacher. La premisa con la que Hacienda trabaja es que cualquier propuesta de reducción del ISR corporativo en México debe ir acompañada de límites a las deducciones como las que Estados Unidos ha implementado. En el caso de los impuestos a las personas físicas, Hacienda no considera necesario realizar modificaciones al ISR, en buena medida porque en Estados Unidos no hubo cambios mayores en este rubro.

No habrá migración de empresas de México a Estados Unidos por razones tributarias, confía el secretario de Hacienda, “seremos firmes para evitar que se utilicen esquemas de planeación fiscal muy agresivos. Aplicaremos los resultados de los trabajos de la OCDE para evitar la transferencia de bases tributarias de empresas multinacionales de México a Estados Unidos”. En inglés, esto se conoce como BEPS: Base Erosion and Profit Shifting.

El hecho de que el Paquete Económico 2018 ya haya sido aprobado implica una restricción, considera González Anaya: “Para bajar impuestos o generar incentivos, basta un decreto del Ejecutivo; para subir o crear impuestos, se necesita la aprobación del Congreso”.

A MARCHAS FORZADAS

El secretario de Hacienda se reunió con un grupo de columnistas en un salón de Palacio Nacional, lo acompañaban los subsecretarios Miguel Messmacher y Fernando Galindo. En Hacienda trabajan a marchas forzadas y tendrán unas vacaciones muy breves, dos o tres días. Estudian con lupa el documento que aprobó el Congreso de Estados Unidos y también las  propuestas que está haciendo el sector empresarial mexicano. Esta semana hubo una reunión de González Anaya con el Consejo Mexicano de Negocios y la Coparmex dio a conocer un conjunto de propuestas, para algunas de ellas ya casi hay una respuesta. En voz de Messmacher: “Las inversiones de las pymes tienen una deducción de 50% para el 2018; podríamos revisar si incrementamos la deducción. Lo que no podríamos hacer es generalizar esa medida. Si incluyéramos a las grandes empresas, tendría un costo de alrededor de 30,000 millones de pesos”.

En hora y media de diálogo, González Anaya insistió en un par de argumentos: México sigue siendo competitivo y la reforma fiscal de Estados Unidos no es lo que parece: “Es cierto que baja impuestos pero no tanto como parece porque elimina muchas deducciones. Al final la reducción de tasas será mucho menor que la que están publicitando”. Respecto a la competitividad de México, citó un estudio hecho por BBVA Research para explicar que producir manufacturas en México es 10% más rentable que en Estados Unidos, aun con la baja de la tasa del ISR corporativo de Estados Unidos a 20 por ciento. “La competitividad depende de muchos factores y el fiscal es sólo uno de ellos, pero no es definitivo cuando los otros factores no funcionan. Los estados más ricos de Estados Unidos, como California o Nueva York, cobran más impuestos y no tienen problemas para atraer inversión. Haití, en cambio, casi no atrae inversiones aún con tasa cero”.

Respecto a la reforma fiscal de Estados Unidos, reconoció que un factor adicional de dificultad, para México, tiene que ver con la entrada en vigor en el 2018. “Si hubiera sido para el 2019, como estaba en la propuesta que salió del Senado,  hubiéramos tenido un año para tomar decisiones. Quizá hubiéramos dedicado el primer semestre a aspectos técnicos y el segundo semestre a lo político (…) Está claro que eso no podrá ocurrir”.

El secretario quiso dejar claro que esa reforma no le gusta. La experiencia dejó claro en tiempos de Reagan que la baja de impuestos no trajo más inversión, explicó con ayuda de una fotocopia que circuló entre los invitados. Adicionalmente, expresa su insatisfacción con el timing, el sentido de la oportunidad: “No es una buena idea ofrecer incentivos cuando la economía está cerca del pleno empleo, como es el caso ahora en Estados Unidos. Generará inflación y obligará a la Fed a subir tasas. Esto encarecerá el dólar e incrementará el déficit comercial (…) exactamente lo contrario de lo que pretende el presidente Trump”.

LA REFORMA DE TRUMP

  • Entra en vigor a partir del 1 de enero del 2018.
  • El impuesto corporativo pasa de 35 a 21 por ciento.
  • Se mantienen los siete tramos impositivos actuales, con un recorte de 39.6 a 37% a la tasa máxima.
  • Se elimina el incentivo fiscal a empresas privadas que subsidian el costo del pasaje, estacionamiento y uso de bicicleta de sus empleados.
  • Para los solteros, las herencias de 11 millones de dólares estarán libres del impuesto a las sucesiones, mientras que para los matrimonios será de 22 millones de dólares.
  • Reduce a 10,000 dólares la deducción de los impuestos locales y estatales.
  • Limita la deducción de intereses hipotecarios a préstamos hipotecarios de no más de 750,000 dólares.
  • Aumenta el crédito fiscal por hijo de 1,000 a 2,000 dólares.

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