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KLEROTERION: EL SÍNDROME

KLEROTERION: EL SÍNDROME

Durante mi época de estudiante y mis primeros años de actividad profesional escuché muchas veces que cuando alguien hablaba de libertad de expresión recurriera a la romántica frase de Thomas Jefferson “Si se me permitiera decidir aquí entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría un momento en preferir lo último.”. Reconozco en ese Jefferson la voluntad de un político admirable.

Irónicamente a la par surgía una queja que hablaba de un escenario en el cual los medios le servían sólo a algunos, que no cualquiera podía utilizarlos para hablar. La evolución tecnológica y el internet acabaron con ese problema. Ahora cualquiera puede decir, oír, opinar.

Por supuesto que sigue existiendo una limitante técnica, no cualquiera tiene los conocimientos necesarios para hacer una transmisión en línea, por ejemplo, o incluso tener acceso a infraestructura más especializada que le permita concentrarse en expandir su mensaje, lo que sea que tenga que decir, a la comunidad.

Al darme cuenta de esa situación tomé la decisión de contribuir facilitando las instalaciones en donde producía mi programa de radio por internet, un proyecto que arrancó por diversión hace ya casi dos años,  a cualquiera que se comprometiera a mantener  un programa de una hora semanal. Tras hacer una convocatoria en Facebook, ciudadanos y actores políticos de todo el espectro se apuntaron a colaborar. Así nació WF Media y su barra semanal.

Para mí era fascinante escuchar o ver en Facebook Live el mosaico de posturas que usaban el mismo micrófono. El éxtasis fue total cuando en un programa de la que muchos ven como “mi estación”, porque no lo es y más adelante aclararé el punto, me empezaron a criticar.

 

Pero una vez más la ironía volvió a brotar. Fui testigo primero del veto velado al que WF Media fue sujeta por lo actores políticos “grandotes” (por supuesto no de todos) quienes no se explicaban la existencia de, si quiere usted así llamarlo, un medio de comunicación alternativo en el que cualquiera puede decir lo que sea, en el que honestamente NO TENEMOS LÍNEA EDITORIAL.

Hubo, y supongo que habrá más, reclamos de personajes de todos los partidos, algunos llegaron al absurdo de pedirme que les diera “línea a los conductores de tal programa” una situación que siempre me hizo carcajear.  Al principio me pareció lógico que los reclamos vinieran de los integrantes de los grandes partidos, pero eventualmente me di cuenta que también los partidos pequeños o los activistas tienen la piel delgada y cuando alguien los ha criticado han reaccionado igual.

La experiencia vivida en este proyecto, al cual sólo aporte en un principio mi nombre pues la infraestructura y administración no me pertenecen, todavía me tiene reflexionando, pero hay un fenómeno que me parece preocupante. Algunos que hoy están en el poder, pero que antes no lo estaban, buscaban hace tiempo el espacio para poder expresar sus críticas y no pocas veces se quejaron de que en pocos lugares los dejaban.

Parece que hoy que ostentan alguna posición de poder han perdido el brío liberal. A lo mucho aguantan en público, pero en privado quieren callar a quien los critica. Lo que pocos cuentan o saben es que años después de aquellas hermosas palabras Pro libertad de expresión Jefferson, ya siendo Presidente, aseguró “el hombre que nunca observa un periódico está mejor informado que aquel que los lee, de la misma manera que quien nada conoce está más cerca de la verdad que aquellos cuya mente está llena de mentiras y falsedad.”. Parece que ese es el mismo síndrome que les da, una vez que llegan a alguna posición de poder, a algunos actores políticos de este estado- ciudad.

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