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Kleroterion: Los tiempos de la justicia

Kleroterion: Los tiempos de la justicia

Nadie en su sano juicio podría criticar que las instituciones encargadas de la procuración de justicia en nuestro país investiguen hasta sus últimas consecuencias las acciones de un político  que presuntamente estaría implicado en la comisión de delitos tan graves como el  enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. Hacerlo resultaría incluso sano y necesario en un país  donde la impunidad ha adquirido carta de naturalización.
El problema es el sentido de la oportunidad, la Procuraduría General de la República está obligada a justificar ante la opinión pública que lo que busca es justicia, y no, como muchos especulan, utilizar a la institución como ariete electoral al servicio del partido en el gobierno, y tendría que empezar por responder las siguientes preguntas: ¿Desde cuándo está en curso la investigación?, ¿La investigación se limita única y exclusivamente al presunto lavado de dinero  en el que incurrió Manuel Barreiro al comprar por 54 millones una nave industrial propiedad de Ricardo Anaya? O es, como se especula, ¿solo la punta de la madeja de todo de un entramado mucho más complejo que se está administrando con una lógica electoral?
En relación a lo anterior, recuerdo que cuando  El Estado Mexicano logró la recaptura del Chapo Guzmán alguien me preguntó que si la justicia se estaba usando con fines políticos; mi respuesta fue que no había tiempos para la justicia, que la justicia no puede estar supeditada a estrategias políticas, no obstante, en el presunto delito en el que se le involucra a Ricardo Anaya, es evidente, más allá de su eventual culpabilidad o inocencia,   que la Procuraduría está “administrando”  el asunto no con el ánimo de impartir justicia, sino  con una clara   intencionalidad de afectar  a un adversario político.
Y en mi opinión el actuar de la Procuraduría es en extremo irresponsable y compromete gravemente  la legitimidad a una institución indispensable en la construcción de un Estado Democrático de Derecho, y es una evidencia más del proceso sistemático de descomposición  y degradación del sistema político.
Pero a la vez el gobierno está cometiendo  un grave error de cálculo y podría estar victimizando a su acusado, convirtiéndolo en un perseguido político al que se busca destruir desde el poder a través de un montaje legal y mediático, situación que podría terminar catapultándolo en lugar de destruirlo. Lo importante ya no es quien gane la elección presidencial sino saber si habrá condiciones para que el ganador pueda reconciliar al País.
Lo veremos en los días por venir…

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