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EDITORIAL: Tercer debate: la ronda de los ansiosos

EDITORIAL: Tercer debate: la ronda de los ansiosos

En el tercer y último debate presidencial lo que predominó entre los candidatos fue la ansiedad. Los síntomas somáticos de tensión se reflejaron en todos los debatientes menos en el Bronco (que no tiene nada qué perder porque no tiene nada qué ganar).

 

Qué ansioso se vio Ricardo Anaya por quedar bien con Carlos Slim. Primero trató indirectamente de defender el nuevo aeropuerto de la CDMX, denunciando un supuesto acto de corrupción de AMLO en el tema (un tanto forzado y con la liga a debate2018.mx que hasta ese momento estaba caída).

 

Luego, dijo que para resolver los problemas educativos en México bastaba con darle a todos los mexicanos un teléfono inteligente (negocio del que Slim es monopolista). ¿Se puso de acuerdo Anaya con Slim? No lo creo: supongo más bien que el candidato presidencial de Por México al Frente anda de oficioso, es decir, de lambiscón.

 

Qué ansioso se vio José Antonio Meade por no defender su ideario de campaña sino la Reforma Educativa, que promovió su coordinador Aurelio Nuño, así como hace un par de días le dijo “ladrón vulgar” a Anaya, en respuesta a que este aludió a Peña Nieto como mandatario corrupto. Cuando le pegan a él directamente no dice ni pío, aunque en realidad nadie le pega porque es el candidato más gris.

 

Lo dicho: Meade fue candidato para defender a Peña Nieto, no para ganar; fue abanderado del PRI en plan de escudo, no de aspirante presidencial. La campaña de Meade no despegó porque nunca se destetó de su jefe. Ahora sería inútil que lo hiciera. El tiempo le pisa los talones. Su catastrófica derrota está bien anunciada.

 

Qué ansioso se ve Andrés Manuel López Obrador por pasar de largo este trago amargo de los debates. Sin duda, nunca será Demóstenes. Pero tras el tercer debate se corrobora un curioso blindaje popular de su posición indeleble en el primer lugar, en las encuestas nacionales. ¿Por qué? La respuesta la dará probablemente más la psicología social que la propia ciencia política.

 

No creo que se muevan mucho los porcentajes de las encuestas en razón de este tercer debate presidencial. Tampoco creo que así lo esperen en el fondo los candidatos que sueñan aún con quimeras. Unos porque aspiran a judicializar la campaña y así remontar las tendencias. Otros porque debatir no es su fuerte. Otros porque a pesar de su juventud, no se quitarán nunca la mala imagen de corrupto. Que el lector le ponga nombre a cada perfil, al menos para bajarnos un poco la ansiedad de aquí al 1 de julio, cuando acudamos a las urnas.

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