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Luka Modric: ganador del balón de oro (de la guerra al paraíso)

Su padre luchó en la Guerra de los Balcanes. El pequeño Luka sobrevivió a balazos y penurias.

Pero fue el asesinato, por milicianos serbios, del abuelo de la estrella del Real Madrid, quien compartía nombre y apellido con el jugador, lo que marcó su vida de novela.

Genial en el Mundial de Rusia, hoy juega la final, recuperamos su historia, una de las más apasionantes del planeta fútbol…

En el invierno de 1991, la guerra de los Balcanes, que había comenzado el 31 de marzo de ese año, ya había cobrado sus primeras víctimas. La limpieza étnica era una realidad como una piedra. En la aldea de Zaton Obrovacki, situada en las laderas del Velebit, la mayor cordillera de Croacia, Luka Modric acababa de comer. Como buen hombre de campo, seguía su rutina diaria. Salió de casa para llevar a pastar ganado, lo normal, lo que había hecho por décadas. El sonido del viento y el crepitar de las ramas se cortó. Los testigos escucharon cómo un coche se detuvo. Gente corriendo. Gritos de voces graves y malditas. Unos minutos después escucharon disparos. Al día siguiente, le encontró su familia, a 500 metros de su vivienda. Le hallaron tirado en el suelo, junto a un charco de sangre… Entonces, su nieto, el pequeño rubiete, el corazón que daba calor al campesino, el hoy centrocampista del Real Madrid, tenía sólo seis años.

Sus verdugos también asesinaron a Stipe Zubak, Zubak Zorka, Maruna John, Maruna Manda, Jurcevic Diosa y Buzonja Martin. Las siete víctimas eran ancianos. La autopsia desveló que les dispararon a quemarropa, que ninguno ofreció resistencia. A la mayoría los liquidaron por la espalda. El inicio de la guerra de los Balcanes había herido para siempre el alma de los Modric. La abuela del pequeño Luka, fallecía poco después… Su familia huyó del pueblo. Los que mataron al patriarca de los Modric eran milicianos de la SAO Krajina, seguidores de la causa serbia: responsables de mutilaciones, violaciones en masa y demás masacres… Todo tipo de crímenes de lesa humanidad, en suma.

Cuando era época de paz, los padres del futbolista, Stipe y Jasminka trabajaban en una fábrica comunista dedicada a la producción de prendas de vestir… Pero, cuando estalló el conflicto, Stipe ya había decidido pelear con el ejercito croata que luchaba por la independencia. Allí se haría técnico de aviones, cuya labor era esencial. Mientras el ejercito rival tenía -al menos- un centenar de aviones de combate en buen estado, las fuerzas croatas carecían de cazas y tuvieron que transformar unos arcaicos Antonov AN-2, conocidos como Annushka, de fabricación soviética, que se utilizaban para fumigar. La pericia que da la necesidad hizo que transformaran estos biplanos monomotor, armatostes rudimentarios en lanzabombas. Causarían estragos en las fuerzas enemigas.

Mientras Stipe se fue al frente de batalla, Jasminka cogió al pequeño Luka y a su otra hija Jasmine, que entonces tenía un año de edad, a una zona más segura.

Un cambio radical para Luka. En el pueblo solía recorrer 10 kilómetros, trotando a campo abierto. Eso le convirtió en un niño «rápido como una flecha», recuerdan a menudo sus parientes. Paseaba por los alrededores de casa de los abuelos para buscar cómplices para jugar al balón. Si no los encontraba, iba solo pateando la pelota o cualquier piedra hasta hartarse. Pasó de ello a estar escondido en albergues para refugiados. Llegó a un nuevo vivir en un islote, en un austero hostal en la Isla de Iz, de tan sólo 17,59 km2. A una hora de la ciudad costera de Zadar en ferry, antes de la guerra, era un paraíso en pleno mar Adriático.

HOTEL KOLOVARE

Pero su auténtico hogar tras la escapada fue el Hotel Kolovare, un recinto con 191 habitaciones, ubicado ya en Zadar, que se utilizó como alojamiento para los sobrevivientes. La otrora primorosa calle Boze Pericica, donde está el Kolovare, estaba en escombros. No solían dejar jugar a Luka en el exterior para evitar a los francotiradores. Era una suerte de prisión para alguien de su edad mas Luka sabía encontrar la libertad a balonazos. «Jugaba todo el día. Rompió más cristales de ventanas con su pelota que las ondas expansivas de las bombas de la guerra», afirman irónicamente los empleados del complejo hotelero. Parecía ser su respuesta a las balas que formaban parte del sonido ambiente. Sus primeros regates imposibles los hizo driblando rivales en un pasillo estrecho.

«Cuando llegamos al hotel, Kolovare, recuerdo que había un montón de gente, muchos chicos, así que tenía un montón de amigos. A pesar de la guerra, yo era un niño y no era consciente de ella, ni de todo lo que sucedía a mi alrededor… Me ayudaron a sobrellevar la situación mis padres, que son optimistas por naturaleza», contó Luka en una entrevista. Sin embargo fueron años terribles. Pasaron hambre y eso afectaría, a posteriori, el crecimiento de Luka [apenas sobrepasaría los 171 cm de estatura y 65 kilos, de adulto].

Cuando Stipe dejó atrás definitivamente la guerra, quiso retornar a su pueblo. A reconstruir su casa, sus vidas. Zadar había sido bombardeada. Era una ciudad humeante tras haber sido epicentro de los combates en la región. A pesar de que a Stipe le habría tocado la misión del mantenimiento de la treintena de aviones y helicópteros que poseía el ejército croata, había visto morir a demasiada gente y quería paz. Regresó con los suyos tras la Operación Tormenta, acaecida en 1995.

Este ataque, realizado entre el 3 y el 5 de agosto de ese año, consiguió expulsar a cientos de miles de serbios de territorios protegidos por la ONU. Hubo miles de bajas militares y civiles. Esta vez fue el turno del ejército croata. En esta ocasión ellos fueron responsables de abusos sexuales, saqueos, desapariciones. Según Amnistía Internacional, implicó la limpieza étnica de más de 200.000 serbocroatas. Un cruel ojo por ojo. Los mandos croatas responsables fueron juzgados y condenados a posteriori [el ex general Ante Gotovina recibió una pena de 24 años por el tribunal de la Haya y por una buena parte de los croatas es un héroe].

El padre de Luka se encontró con una novedad que le impediría cumplir su anhelo. Su primogénito tenía un especial talento para el balompié. Tenía 10 años y ya iba a una escuela de fútbol en Zadar. Las virtudes del chaval de piernas flacas las vio su tío Zeljko, hermano gemelo de Stipe, quien había sido futbolista en su juventud. Luka vivía ya sólo para el balón. «Desde que puedo recordar, yo estaba jugando con la pelota», recuerda Luka de esos años. «Me veía siempre con algo relacionado con el fútbol conmigo».

Y apostó todo lo que tenía por el endeble Luka, que ya había sido rechazado por sus paupérrimas cualidades físicas. «Sabía que nunca iba a ser grande y fuerte como mi padre, menos como mi tío. Ellos me apoyaron a pesar de que la mayoría les decía que no tenía la anatomía para ser futbolista… No me podía desmoralizar». Su indemnización como militar, unos 200 euros, fue lo que usó Stipe para continuar pagando la escuela de fútbol. Sin casa, siguieron viviendo en el hotel. La madre había conseguido trabajo de costurera. Stipe, por su experiencia militar, fue contratado en técnico de aviones en el aeropuerto militar de Zemunik, en las afueras de Zadar.

ESPINILLERAS DE ROBLE

Las penurias de posguerra le afectaron aunque quiera olvidarlo. Era un chico con permanente ceño fruncido, serio, racional. Después de cada entrenamiento, el habilidoso Luka era susceptible a recibir patadas en la zona de la tibia. No había ni siquiera dinero para espinilleras. Su padre fue a buscar un bloque de roble y las talló. Las ocultaba con medias altas. Su entrenador de entonces, Tomislav Basic -jefe de la cantera del Zadar, considerado su mentor- aún las guarda. «Las conservé porque sabía que Modric iba a llegar a ser un gran jugador», contó Tomislav en una entrevista concedida a Marca. «Alguna vez se ha molestado por recordar esto. Pero yo creo que es parte de su vida y tiene que estar orgulloso de donde salió».

Lo cierto es que Luka Modric nunca ha olvidado su pasado. Lo tiene presente, pero no como conflicto, como motivo de superación constante. «Yo tenía sólo seis años y mi abuelo, también llamado Luka, fue asesinado. Fue el peor momento de mi vida… Mi padre se fue a luchar en el frente, mi madre, mi hermana y yo vivíamos en una sola habitación en Zadar», soltó al desaparecido dominical inglés News of the World. Luka lo superó todo. Ya adolescente fue rechazado una y otra vez por las grandes canteras de su país.

Cuando, a los 16 años, en 2000, lo ficharon para los juveniles del gran club croata, el Dinamo de Zagreb -equipo donde deslumbró Davor Suker- parecía que las penurias acababan. Con su primer contrato les compró un piso a sus padres en Zadar. Pero no todas fueron buenas noticias. En 2003, lo enviaron al matadero. Al HSK Zrinjski Mostar, de Bosnia-Herzegovina, donde las coces se sucedían. Pero el tirillas Luka superó el reto. Fue declarado el mejor de la liga. Apenas había cumplido la mayoría de edad. Durante ese tiempo, por influencia de Jasminka, su madre, se sacó el diploma de graduado escolar estudiando de noche.

Lo demás es una suma de acontecimientos consecutivos. Puro fútbol. Fue cedido al NK Inter Zapresic, un club sin alcurnia de la primera división croata, que ocupó el segundo lugar con Modric. Otro premio: Jugador revelación. El Dinamo de Zagreb tuvo que repescarle, en 2005, y se convirtió en su brújula. En dos temporadas, los guió a la gloria. Seis títulos. Los hizo imbatibles en su campeonato local. Un entrenador español, Juande Ramos, que dirigía el Tottenham de la Premier League inglesa, se fijo en él para llevarlo a uno de los torneos más físicos y difíciles de Europa. Fue el fichaje más caro del club londinense de su historia: 27 millones de euros. «Es muy humilde… No tiene un gran físico, pero es muy potente. A pesar de no ser fuerte, no se esconde…», ha dicho sobre Luka en distintos medios.

En junio de 2011, se reencontró con su pasado. El Tribunal Especial de Belgrado, Serbia, comenzó el juicio a los acusados por el asesinato de su abuelo. George Jelic y Bogdan Gagic, miembros de las fuerzas especiales de la SAO Krajina, ambos de 53 años, eran sospechosos de 45 muertes más. Ellos ordenaron torturar y ejecutar a civiles. Los medios croatas llamaron insistentemente a Luka para conocer su opinión. Nunca respondió.

«La guerra me hizo más fuerte. Fueron momentos durísimos para mí y para mi familia. No quiero arrastrar ese tema para siempre, pero tampoco me quiero olvidar de ello. Ahora tengo la sensación de que estoy listo para cualquier cosa…», señaló en una de las últimas veces que aceptó hablar de ese pasado. Brilló en la Eurocopa 2012, a pesar de la eliminación de su equipo en un partido al límite ante España [a un gol de dejar fuera a la finalista Italia]. Fue el fichaje de ese año del Real Madrid, decisivo para conseguir la Décima [la undécima, la duodécima y la decimotercera Champions]. Su padre, técnico de aviones para la fuerza aérea croata, y su madre vinieron a la presentación [también estaba su mujer Vanja y su hijo, bautizado como el abuelo]. Pisaron juntos el terreno del Bernabéu.

DE CASA QUEMADA A LA FINCA

Era la consagración de su chico. El que se escapó de las balas, el de las espinilleras de madera… La vivienda de los Modric, en Zaton Obrovacki, fue quemada por los mismos que asesinaron a su patriarca. Se conserva en pie. El cambio de su vida, la cara y cruz, se percibe en su nueva residencia, un adosado de 500 m2 -diseñado por el afamado Joaquín Torres de A-Cero, el favorito de Cristiano Ronaldo y Mourinho- en La Finca, por unos 10.000 euros de alquiler al mes.

El 30 de agosto de 2012, cuando jugó su primer partido con los blancos, asomaba pícaro entre los asientos. Esperando su oportunidad, como siempre. Se la dieron. Jugó ocho minutos. Y ganó su primer título ante el Barcelona. La suerte que no se le acaba. El tipo que se libró de la muerte añadió un capítulo a su vida de novela… Luka aún acude a la tumba de su abuelo. «La visito cuando puedo. Me da fuerza honrar su legado». Memoria de superviviente.

FUENTE: elmundo.es

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