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Ignorancia, pilar cultural de la corrupción

Ignorancia, pilar cultural de la corrupción

Santo Tomas de Aquino en el Tratado sobre el Gobierno nos entrega una lapidaria frase que es necesario reflexionar para despertar en el mexicano la reflexión y la autocrítica.

Dios enviará malos gobernantes a los pueblos pecadores”. En este sentido confirma el poeta inglés William Blake. “Cada pueblo tiene los gobernantes que merece”.

Por lo tanto, ¿Cuál es el pecado que infesta de corrupción a nuestra sociedad? ¿Por qué los mexicanos somos merecedores de nefastos gobiernos? ¿Acaso, nos encontramos históricamente condenados a seguir sufriendo estos embates para continuar rezagados en el subdesarrollo, en el caos, en el constante retroceso de la ignorancia lacerante?

La respuesta a estos cuestionamientos no es tarea sencilla porque significa enfrentarnos ante el espejo como pueblo y Nación. Lo cual, no es fácil cuando se ha conformado una cultura que se resume en el dicho popular; “El que no tranza, no avanza”.

Precisamente, sobre estos aspectos, se refiere en la “Historia General de México” editado por el Colmex, un episodio poco recordado en nuestro país. Nos referimos a la intervención yanqui de 1846-1848 cuando la bandera norteamericana fue puesta a ondear en Palacio Nacional. En aquel momento, en Washington se discutió, sí era conveniente integrar a México como una estrella más de la Federación Americana. Muy cerca estuvimos de ser parte de los Estados Unidos Americanos. Sin embargo, se impuso el argumento entre los senadores de aquel país del norte quienes denunciaban que los mexicanos somos por base ingobernables por carecer de una educación enfocada al respeto de la Ley. Finalmente, de aquí se dejó marcado que ha “México no se le domina directamente mediante su política sino a través por sus mercados”.

La diferencia entre la independencia norteamericana y la mexicana es que la primera los Founding Fathers en particular Jefferson, Willson, Pain, Hamilton después de acabada la guerra procuraron el diseño de un sistema educativo centrado a otorgar al ciudadano las bases de interpretación de las leyes a fin de procurar la armonía social y su detonante económico. En última instancia un sentido común cívico que evita las conductas animales primarias para resolver los problemas de convivencia. En cambio, en México una vez lograda la independencia, no se procuró tal diseño sino al contrario una lucha de facciones que continua hasta la actualidad donde más bien se ha fomentado el paradigma entre la clase gobernanteque el “pueblo ignorante es controlable”.

Aún hay más, en la segunda intervención francesa después de la expulsión de los ejércitos invasores y el fusilamiento de Maximiliano quedo ante la comunidad internacional el modelo del mexicano como cangrejo. Así se referían franceses, belgas, austriacos a que el mexicano es un cangrejo en un cubo donde ninguno permite que salga adelante su destreza para salir de esa situación que le aprisiona.

De esta manera, podemos ver los resultados en las calles cada día. Una ignorancia multidimensional de mexicanos contra mexicanos. De un país donde las leyes son letra muerta. Por ejemplo, a pesar de contar con una infinidad de reglamentos para regular el comercio, o la salubridad en alimentos preparados, ni la autoridad, ni los ciudadanos tomamos en consideración. Por ello, nuestras vías de alta velocidad como es el caso del Periférico desde los Pinos hasta Polanco se encuentra plagado por un mercado ambulante que ofrecen cigarros, refrescos, gorditas de nata, espejos hasta mapas para no perderse en las horas pico. Que decir de los hospitales públicos donde se venden alimentos en zonas de riesgo de infecciones. Ningún ciudadano reflexiona la situación por carecer de bases educativas en el Imperio de la Ley que cada peso que se entrega a este comercio irregular y desleal se concentra en la corrupción. Con ello, se paga la protección del hampa como también a funcionarios corruptos e incluso son llave de acceso a puestos políticos como regidores, diputados, delegados o presidentes municipales. En este sentido, el ciudadano no es una víctima sino el máximo corruptor del sistema que esconde la mano tras lanzar la piedra.

Lo interesante, en todo este juego dialectico entre corruptor y corrompido es que todos quieren dinero y mejores condiciones económicas en la inmediatez del momento, sin embargo, son incapaces de comprender que la mayor derrama económica se encuentra en un proyecto de mediano y largo plazo precisamente en la educación y en el respeto de las leyes.

Finalmente, dejo a la reflexión del lector las siguientes preguntas: ¿Cuántas horas hombre estamos dispuestos a seguir gastando por el colapso de nuestras vías de comunicación debido a nuestra cultura de omisión de leyes y reglamentos? ¿Cuántas más generaciones condenaremos a la ignorancia, la corrupción y el rezago ante el mundo? acaso, ¿El mexicano seguirá siendo sinónimo de corrupción ante la comunidad internacional?

FUENTE: forbes.com.mx

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